Seguridad

Después que Roma arda… La proteccion contra Incendios en la Historia

El elemento fuego, junto con el agua, la tierra y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales, en la alquimia, en la astrología, en la filosofía esotérica y en la masonería.

El hombre conoció el fuego a través de sus manifestaciones naturales, erupciones de volcanes, incendio de los bosques debido a los rayos, los fuegos fatuos, etc. Lo obtuvo de las fuentes naturales y lo utilizó, inicialmente, para calentarse, iluminarse y protegerse de los animales. Más tarde aprendió a crearlo por sí mismo. El fuego fue el origen de la erradicación de su vida nómada. El fuego ha sido considerado por muchas culturas, como un elemento divino o sagrado, incluso un elemento destructor, modificando y destruyendo a su paso bienes y vidas. Es esa doble cara del fuego, esa dicotomía de ser al mismo tiempo: amigo y enemigo

Tras el gran incendio de Roma en el 64 DC<, el emperador Nerón estableció un requerimiento de utilización de materiales a prueba de fuego para las paredes externas en la reconstrucción de la ciudad. Este fue quizás el primer ejemplo registrado de la utilización de la ciencia y la ingeniería de la época en la práctica de la ingeniería de protección contra incendios.

Hay muchas evidencias históricas de acciones de grupos de personas organizados contra incendios, pero las pruebas más antiguas de lo que podemos comparar con un cuerpo de bomberos actual aparecen con los romanos. En la antigua Roma, en la época de Julio César, Marco Licinio Craso era una de las personas más ricas de la ciudad, su riqueza provenía de los bienes raíces y el “alquiler inmobiliario”, pero la curiosa historia le atribuye aún más mérito al haber sido el organizador del primer servicio contra incendios de Roma. Para asegurar que sus bomberos tuvieran siempre trabajo, también organizó las primeras brigadas de “incendiarios” de las que se tiene referencias en la Historia. Pero estos curiosos bomberos eran controlados por Craso, que ambicioso y cruel, no daba orden de apagar el incendio si el dueño del territorio o construcción no lo vendiera a precio de renta en ese instante. Así, la gente prefería ganar el dinero de la venta injustamente, que obtener una casa o parcela destrozados.

incendio de Roma

Tras la caída del imperio romano y el comienzo de la Edad Media, no fue hasta el siglo XVII, durante el Renacimiento

Después del Gran Incendio de Londres de 1666, el primer alcalde de la ciudad implantó una ordenanza donde se establecía que las edificaciones nuevas tendrían paredes de piedra y tejados de pizarra o teja, en sustitución de los cubiertos de paja. Este suceso estimuló el interés en el desarrollo de equipos de extinción de incendios.

A lo largo de la Revolución Industrial en el siglo XVIII y XIX, los incendios continuaron, pero comenzaron a disminuir a medida que la construcción con estructura combustible fue sustituida por mampostería, hormigón y acero. Se formaron departamentos públicos contra incendios, se instalaron suministros públicos de agua con tuberías de aguas subterráneas y bocas de incendios, y se produjo una mejora de los camiones de bomberos.

A mediados del siglo XIX, en Nueva Inglaterra, se produjeron una serie de graves incendios ocurridos en las fábricas textiles y de papel. Se propagaban con tanta rapidez que no podían ser controlados por bomberos de la manera tradicional. La solución de protección contra incendios fue la instalación de un sistema de accionamiento manual de tubos perforados en el techo, creando así uno de los primeros sistemas fijos de extinción de incendios. Fue el preludio de los actuales rociadores

Los primeros esfuerzos para estudiar las decisiones y el movimiento de personas en un edificio como consecuencia de un incendio, se produce principalmente debido a mayores pérdidas humanas en numerosos incendios, se desarrollaron códigos y normas para hacer frente a la cantidad, ubicación y disponibilidad de las salidas y su diseño.

El primer sistema de alarma de incendios municipal fue instalado en Boston en 1851, utilizando un telégrafo. El uso de este tipo de sistemas de alarma se prolongó, en prácticamente todas las principales ciudades, hasta la llegada del teléfono en 1877.

En 1871, se pusieron en servicio las mangueras forradas de caucho que remplazaron a las de cuero, aumentó el interés por regular las mangueras roscadas. En cualquier caso, no hubo ningún progreso significativo hasta que se adjudicó a NFPA (National Fire Protecion Association) EEUU, la normalización de roscas para mangueras en 1904.

También hacia finales del siglo XVIII pusieron en servicio los primeros equipos de autoimpulsión a vapor. Posteriormente se utilizaron monitores que aportaban agua a las partes altas de las edificaciones. En 1905 se introdujeron las escaleras aéreas manuales y a mediados de 1930 las escaleras aéreas motorizadas.

Fue a principios del siglo XX, cuando se puso en marcha la introducción de vehículos contra incendios que gradualmente fueron eliminando a los carros de material, ya que cada uno de ellos podía transportar su propio equipo. Adoptándose sobre 1914 la primera norma sobre vehículos contra incendios.

Con el paso del tiempo, han ido evolucionando las materiales, métodos y técnicas, bien a caballo del progreso industrial y técnico… o desgraciadamente, debido a las lecciones aprendidas resultantes de numerosas catástrofes relacionadas con el elemento fuego a lo largo de la historia.

Aun hoy día, esa evolución y adaptación sigue su curso, no solo en materiales, sino también en concienciación, ya que la protección de personas, en primer lugar, y de sus bienes, es el objetivo principal que se debe tener en cuenta, tanto por ingenieros y diseñadores y arquitectos, así como por los propios usuarios de instalaciones.

José G. Martín

Seguridad de las personas y de las instalaciones en iBS

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