Seguridad

Al César lo que es del César (parte 2)

La anterior entrega la habíamos dejado justo a punto de empezar a contar una historia: la de un humilde aldeano que quiere entrar a robar en el almacén donde se custodian los tesoros y botines de guerra. ¿Qué ocurrirá?

Antes de emprender su misión, realiza un análisis del sistema defensivo que existe en el castro. Nada más mirar hacia las instalaciones, observa que todo está perfectamente delimitado y no hay discontinuidades en su perímetro, salvo las puertas de acceso que tienen soldados al pie de las mismas, por lo que le queda claro, desde el primer momento, que se trata de un emplazamiento privado, al cual no está invitado. Si nos paramos a pensar un momento podemos advertir que se trata del mismo caso que cuando nosotros colindamos nuestras propiedades con vallado, muros, etc. y además colocamos sobre ellos, carteles disuasorios de propiedad privada, cuidado con el perro, etc.

A eso le sumamos que el aldeano, puede estar pensando que en el interior del castro le esperan cientos de aguerridos y recios soldados legionarios preparados para el combate, o en nuestro caso que podemos ser detenidos por la policía o personal de seguridad privada, el efecto disuasorio y su mensaje está claro, por lo que cualquier persona que no tuviera ganas de arriesgar su vida o su libertad, se decantaría por no entrar al recinto.

soldados romanos

Si no fuese así y fuera mucha la necesidad, el valor o la falta de sentido común del aldeano o del elemento agresor, y este pretendiese seguir con su propósito de entrar, tendría que analizar la siguiente función básica, la prevención. Concretamente tendría que estudiar con qué medidas de seguridad cuentan las instalaciones, dónde están instaladas y qué obstáculos o elementos de contención debería superar para alcanzar el bien.

Hay que tener en cuenta que estas medidas no sólo protegerían a los tesoros que es el fin del aldeano, sino que también darían protección a los soldados que se encuentran descansando en sus tiendas, evitando o al menos minimizando cualquier amenaza que quisiera atentar contra ellos.

Siguiendo un orden de fuera a dentro, en primer lugar debería superar el conjunto compuesto por el foso, terraplén y empalada, para lo cual debería emplear algún artificio, tipo escalera, cuerdas, etc. Además si lo consigue y una vez dentro, sabemos que debería atravesar, con mucho cuidado y sigilo, en primer lugar el intervalum y posteriormente las tiendas de los soldados más preparados, hasta llegar a la tienda donde están depositados los tesoros.

Como vemos el sistema defensivo está basado en un sistema de círculos o anillos concéntricos de seguridad, de manera que para alcanzar al bien, en este caso los tesoros, es necesario sobrepasar progresivamente distintas medidas de seguridad disponibles, encontrándose el bien en la parte central de todas ellas, de forma que esta parte se conforma como la zona de mayor protección del sistema al estar lo más protegida y alejada del riesgo.

El empleo y disposición de estos círculos de seguridad se sigue empleando hoy día tanto en seguridad de las instalaciones como en seguridad de personal (Escoltas), aunque en este sentido habría que precisar y hablar realmente de Burbujas de Seguridad, puesto que el peligro o la amenaza, siempre se puede manifestar en las tres dimensiones o 3D.

Como norma se pueden emplear más o menos círculos, en función de la amenaza existente, el valor del bien a proteger, etc., aunque un diseño típico englobaría a tres círculos que estarían formados por un elemento de contención y delimitación exterior, como una valla o un muro, que contaría con al menos un punto de acceso al recinto o puerta exterior.

A continuación y ya dentro de las instalaciones, encontraríamos las puertas de acceso a los edificios, entendidas estas desde las que están bajo la supervisión de un servicio de seguridad que se encarga del control de accesos a la misma, a una simple puerta con timbre o portero automático.

Y finalmente, en la parte más sensible, zona central, dentro de los anteriores círculos, encontraríamos una caja fuerte, vitrina de seguridad, habitación del pánico, etc., donde pondríamos en salvaguarda nuestros objetos de valor, documentación sensible, o a las propias personas, si estas tienen la consideración de VIP.

Pero continuemos. Si a pesar de las medidas preventivas, el aldeano considera que dispone de valor, habilidades y de capacidades físicas suficientes para sortear los distintos obstáculos, y decide continuar con su propósito, debería ser consciente de que no lo tendrá nada fácil, puesto que habría que sumarle las medidas de detección y evaluación disponibles, y que eran ejercidas a través de los centinelas.

Los centinelas estaban distribuidos por todo el perímetro y las puertas de acceso, donde además para reducir la vulnerabilidad de estos puntos contaban con un mayor número de personal. También disponían de patrullas móviles que recorrían el intervallum y la zona de tiendas, así como de puestos fijos en la zona próxima al tesoro y a la tienda del pretor. Estos elementos podían detectar cualquier intento de intrusión que se produjera y algo más importante aún, ser capaces de evaluar si se trataba de una amenaza real o de una falsa alarma (animales, viento, etc.), lo que servía de juicio para alertar al resto de la guardia o no.

Hoy en día los centinelas han sido suplidos de manera mayoritaria por medios técnicos. Por un lado, por detectores de intrusión, que se instalan tanto en el perímetro como en el interior de las instalaciones, sustituyendo los puestos fijos existentes con anterioridad y que servían para detectar cualquier tipo de actividad de este tipo, así como por las cámaras de los circuitos cerrados de televisión, desde donde se puede analizar como hacían estos centinelas, si la amenaza era real o no.

Los motivos de esta sustitución progresiva ha sido motivada por la reducción y falta de personal para el desarrollo de estos cometidos, la falta de efectividad y errores cometidos como consecuencia de la fatiga acumulada por estos durante el servicio y lo más importante como consecuencia de los avances tecnológicos que se han ido generando en cada época.

En cualquier caso, no hay que olvidar que el elemento humano se sigue empleando para estos fines, especialmente a través de la realización de patrullas. Siendo esta la base de otra de las funciones básicas, la reacción. Si contamos con estas patrullas, podemos disponer de unos medios móviles, dispuestos a actuar rápidamente en cualquier momento y en cualquier lugar.

distribución de un campamento romano

En el caso de que el aldeano, tras intentar entrar en el castro, fuera sorprendido o detectado por los centinelas, estos darían la voz de alarma y entonces acudiría al lugar las patrullas de la guardia. Una vez allí intentarían localizar al ladrón y reducirlo. Evidentemente si en lugar de nuestro aldeano se tratase del enemigo, la forma del castro permitiría que las fuerzas legionarias desplegasen en sus calles y fueran distribuidas para repeler el ataque. Esta es la función más importante de todas, puesto que de nada sirve tener un sistema que dispone de un montón de medidas de seguridad si resulta que este no puede reaccionar cuando las medidas han sido sobrepasadas.

Un complemento perfecto para la reacción es el retardo. Esta función es necesaria para ganar tiempo y evitar que el agresor pueda entrar y salir antes de que los elementos de reacción acudan a la zona y lo puedan interceptar. En el caso del castro, permitiría además que se dispusiese de tiempo suficiente para alertar al resto de soldados y que estos pudiesen salir de sus tiendas y prepararse para el combate. El elemento que se empleaba como retardo dentro del castro era el intervalum.

Hoy en día empleamos como elementos de retardo para nuestras instalaciones, terreno muerto dispuesto desde el perímetro hasta las instalaciones, concertina y, sobre todo, la doble valla o muro. Este último sistema es el más empleado y consiste en que la primera valla dispone de un sistema de detección que alerta a los elementos de reacción cuando se intenta escalar, pudiendo acudir estos al punto concreto, mientras se intenta saltar la segunda de las vallas lo que le proporciona un tiempo muy valioso para intervenir. Las fuerza de reacción una vez en la zona, localizarían y detendrían al intruso, eliminando la amenaza existente.

Pero que pasa tras el intento de intrusión, agresión, etc., pues que la vida sigue y debemos continuar con nuestras actividades de rutina, vuelta a la normalidad, para lo cual habrá que reparar las infraestructuras dañadas, atender y sustituir a los centinelas heridos si los hubiese, etc., en definitiva poner las medidas que nos permitan volver al momento anterior a la que se produjo la incidencia. En la actualidad, equivaldría a reparar la alambrada, sustituir las cerraduras, avisar al seguro, denunciar los hechos, etc.

Pero no acaba aquí el proceso sino que a posteriori habría que analizar y estudiar qué es lo que ha sucedido, qué fallos ha habido en la seguridad, qué mejoras se pueden hacer, que es lo que nosotros denominamos como feed back o retroalimentación. Como ejemplo de este tipo de medidas, estarían las torres de vigilancia en altura, que facilitan la visión a mayor distancia, usar materiales más sólidos para constituir el perímetro, etc., en el caso del castro; o instalar cámaras, contratar un seguro o un servicio de seguridad privada, etc., en nuestro caso.

A la vista de los resultados obtenidos y de lo que hoy entendemos por Seguridad, no nos cabe duda que esta última función se ha ido desarrollando sin descanso a lo largo de los siglos. Eso sí, siempre con un paso por detrás del elemento hostil, que golpea primero, también en la actualidad, por lo que la Seguridad se ha limitado a poner barreras para impedir o al menos reducir que sus acciones fueran exitosas y se produjese el menor de los daños posibles.

Como podemos ver, algunos de los elementos de seguridad previstos en los castros han evolucionado y mejorado con el paso del tiempo, pero la base y esencia ya estaba presente en estas construcciones, e incluso antes. Sin embargo, lo que le diferencia al castro de los sistemas anteriores y que le hacen merecedor de este artículo, es que en este sistema defensivo se emplearon de manera coordinada e integrada por primera vez, los tres elementos que componen un Sistema de Seguridad: medios humanos, en este caso los centinelas, medios de protección en este caso el foso, terraplén y empalizada, y finalmente las medidas de organizativas como son la disposición en 360º, el empleo de círculos de seguridad y la organización de una guardia de seguridad.

Pero entre razonamiento y razonamiento nos hemos olvidado de alguien. ¿Qué habrá sido de nuestro aldeano? Al parecer la razón ha triunfado y finalmente, ante las medidas de seguridad existentes, ha desistido de sus pretensiones y ha preferido buscar un objetivo que sea más fácil y asequible de conseguir. Con lo que obtenemos una de las enseñanzas básicas en seguridad: “A igualdad de beneficios, es preferible elegir el objetivo que cuente con menor seguridad“, por lo que si no queremos ser los elegidos, ya sabemos lo que tenemos que hacer.

De momento lo que voy a hacer yo es despedirme de ustedes y citarles para un próximo viaje por el imperio, les espero… si quieren.

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