Seguridad

Al César lo que es del César (parte 1)

La Sociedad del Bienestar tiene mucho que agradecer a nuestros clásicos, pudiendo afirmar que, en muchas facetas de la vida, representan el punto de partida de la Era Moderna.

Aunque existen otros momentos históricos que son cruciales, podemos considerar al Imperio Romano como uno de los periodos de la historia que más ha influido en los principios y conceptos de lo que hoy en día entendemos como Seguridad.

Sirva este artículo como homenaje a aquellos pioneros de la seguridad que con sus ideas y sentido común, posibilitaron estos avances, permitiendo que a día de hoy podamos disfrutar de un mundo mejor y algo más seguro.

Al César lo que es del César

Iniciamos pues, un viaje por el tiempo en el que vamos a conocer de primer orden algunas de las aportaciones que en el ámbito de seguridad les debemos.

Como no quisiera aburrir al contertulio, voy a dividir el artículo en varias partes de manera que si es de su agrado, podamos compartir en un futuro más conocimientos sobre este apasionante mundo. En el artículo de hoy comenzaremos con el análisis del concepto de “Castro”.

Nada más escuchar la palabra “Castro” he recordado aquellos tiempos en que los profesores de Historia me hacían viajar en una máquina del tiempo a través de mi imaginación, mientras contaban historias de los grandes imperios y civilizaciones.

En esas amenas clases, al menos para mí, nos explicaban que un castro era una fortificación o campamento militar construido por las Legiones Romanas en los territorios no conquistados. En sus orígenes, se construían de manera provisional, para que los soldados pudieran pasar la noche con seguridad. Con el paso de tiempo, se fueron convirtiendo en permanentes, primero como asentamientos que recibían el nombre de Stativa y posteriormente en ciudades, como es el caso de Emérita Augusta en Hispania (Mérida).

La construcción de estos castros no era aleatoria, presentando unas características comunes en todos ellos. Para empezar se solía elegir para su asentamiento, zonas de llanura o pendiente suave, en contraposición a los castillos medievales que surgirán con posterioridad y que emplearan como asentamiento, una zona predominante. Si había posiciones del enemigo próximas al castro, este se orientaba hacia la posición del elemento hostil, con objeto de tener una rápida reacción y fácil despliegue ante un posible ataque.

plano del castro romano

La distribución interior de las tropas se hacía mediante el empleo de banderines, uno por sección, que indicaban la posición que debía ocupar cada una de estas facciones en el interior del castro. De esta forma, se delimitaban las dos calles principales: el Cardus Maximus, de norte a sur, y el Decamanus Maximus, de este a oeste, dando como resultado final una planta que tenía forma cuadrada o rectangular.

En el exterior del castro, se construía un foso de 3 metros y medio de alto y 4 metros de ancho. Con la tierra sobrante del foso, se construía un agger o terraplén que delimitaba todo el perímetro. Si había tiempo suficiente, se instalaba el vallum que era una empalizada de estacas de madera que se colocaba en la parte superior del agger, donde además se colocaban los distintos puestos de centinela. Estos puestos se irían transformando en torres de vigilancia a medida que el castro permanecía en el mismo emplazamiento a lo largo del tiempo.

Entre el vallum y la zona de tiendas se encontraba el intervallum, que era un espacio abierto de unos 70 metros que servía para que, en caso de ataque, el enemigo o asaltadores no alcanzasen las tiendas de manera inmediata y pudiesen ser localizados. En la parte trasera del castro y próxima a la porta decuttana, se encontraba la zona noble, donde se hallaba en su parte central y rodeado de los soldados más valerosos y preparados, los botines de guerra y junto a ellos, el Pretor.

Con el paso del tiempo, todos estos castros fueron mejorando su concepto defensivo por lo que empiezan a construirse con ladrillo y materiales pesados, dando lugar en el futuro a los castillos medievales.

En el ámbito de la Seguridad y de manera especial en el de las instalaciones, existen una serie de funciones básicas que deben ser tenidas en cuenta a la hora de planificar y llevar a cabo la seguridad en un lugar. Estas funciones son disuasión, prevención, detección, evaluación, reacción, retardo, vuelta a la normalidad y feed back y constituyen las medidas de protección y defensa que todo Sistema de Seguridad debe tener. Si un Sistema no cuenta con alguna de estas funciones, no será válido para el fin que se creó. Así es lógico pensar que si instalo un muro para delimitar mi propiedad, de nada servirá por muy alto que éste sea, si este muro no tiene instalado algún sistema de detección, vigilancia, etc., ya que sólo será cuestión de tiempo e imaginación que alguien que quiera saltarlo lo haga.

Para entenderlo mejor, nos valdremos de la visión de un humilde aldeano de la zona que pretende entrar al castro para robar alguna joya o enser de valor del almacén donde se custodian los tesoros y botines de guerra.

Pero eso lo haremos en la próxima entrega de la historia. Les espero.

Miguel Ángel Castillo

Profesor de Seguridad de las personas e instalaciones en iBS

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